
UNA NUEVA ANGELITA ESTÁ ENTRE NOSOTROS.
La llegada de un nuevo ser representa el inmenso amor que Dios entrega al mundo. Y la mujer por su sensibilidad y manera de amar es testigo de este maravilloso acontecimiento.
Miércoles nueve de junio. Me encontraba haciendo un trabajo en la computadora, cuando de pronto el teléfono empezó a sonar insistentemente. Subí apresuradamente a contestar, era el esposo de mi prima que nervioso me dijo: - ¡Solange está con los dolores!
No supe que hacer, mi mente se puso en blanco. Colgué y rápidamente, apagué la computadora, entré a mi cuarto, cogí las llaves y fui corriendo a la casa de mi prima. Al llegar empecé a gritar, ya que ésta vive en el tercer piso de un edificio. Me tiraron las llaves de la casa y subí corriendo. Ella se encontraba echada, Juan Pablo, su esposo, la ayudaba dándole fuerzas para resistir el dolor.
Siendo exactamente las nueve y media de la mañana nos dirigimos a la Maternidad de Lima. Mi tío, nervioso, luchaba incesantemente contra el tráfico. Después de treinta minutos divisamos a los lejos el gran hospital de color amarillo con franjas blancas, cuyo aspecto nos daba seguridad. Bajamos del carro y presurosos nos dirigimos a la puerta principal, donde un cartel de madera con fondo blanco y letras rojas nos daba la bienvenida.
Una mujer con la mirada penetrante, que viste un uniforme de color azul marino, nos atiende en la entrada de la pequeña sala de emergencia, pide nuestros datos y deja entrar a la pareja. En ese instante estando fuera de aquella sala, un nerviosismo terrible empezaba a invadir mi mente, empecé a pensar que haría si me dejarán sola con mi prima. Mi mayor temor se hizo realidad, Juan Pablo se dirige hacia mí y me pide que me quede con ella, él tenía que trabajar.
Ingresé a la pequeña sala, las paredes de color blanco me daban ánimo, mas las miradas taciturnas de las personas que esperaban a sus familiares, acrecentaban mi nerviosismo. Escuché mi nombre, me puse de pie y el vigilante me dijo que ingresara al consultorio cuatro. Mientras me dirigía al consultorio el pánico se apoderaba de mí, un sinfín de pensamientos perseguían mi mente. El gran pasadizo blanco me hizo reaccionar. Mi prima dependía de mi ayuda para que todo pueda salir bien.
Antes de tocar la puerta, Jazmín Durán, la obstetra que atiende a Solange, sale del consultorio y con un tono de sorpresa me informa que esta vez, mi prima si dará a luz. Me indicó los trámites que tenía que hacer y los medicamentos que debía comprar. Una mezcla de felicidad, nerviosismo e impaciencia invadía mi ser. Después de haber esperado con tantas ansias, el día había llegado. No sabía por dónde empezar, llamar a mi madrina, avisar a Juan Pablo, salir a comprar o hablar con la asistenta social. Me tranquilicé e hice todo de manera correcta.
Lleve el maletín celeste y blanco que no era común y corriente, era un neceser mágico, en él estaba guardado los ropones que con tanto amor e ilusión sus futuros padres habían guardado desde hace ya más de ocho meses.
Solange no podía hablar, el dolor que tenía era fuerte, pero a la vez tan reconfortante, porque Thaís estaría entre nosotros. Después de cuatro horas, la llevaron a la sala de operaciones. Me impacienté como un niño cuando quiere que le compren un juguete. La hora de visitas había terminado. No tenía noticias de mi prima, cada segundo que pasaba era un siglo para mí. La espera es amarga, pero sus frutos son dulces. Siendo exactamente las seis y dieciocho de la tarde, una pequeña angelita abrió sus ojitos a un nuevo mundo, un mundo lleno de amor que ya esperaba por ella desde hace nueve meses.
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